Breve historia de un viaje breve
Domingo 6 de Septiembre
10:00 AM - Me subo a un avión. 25 minutos de vuelo.
Estoy en Menorca. Saludos y abrazos. 15 minutos más y estoy en una rave. Soy el nuevo. 20 minutos más y ando en bicicleta y conociendo a todo el mundo. Es mi cumpleaños. 60 minutos en la isla frenéticos y tormentosamente agradables. 11:00 AM.
Muchos nombres y muchas caras de golpe. Extrañamente las recuerdo con facilidad, me siento a gusto y es como si ya nos conociéramos. Dejavu.
El sol amenaza con desaparecer. Nos vamos. Los tres. Tras 48 horas sin dormir (24 en BCN y 24 en MNK) me doy un baño en el mar de los mejores, sino el mejor, de toda mi vida. Reparador. Sensorial. Me doy un baño CON el mar, no en él.
El sol desaparece finalmente. Nos quedamos a oscuras. Los tres. Todo es tan… a flor de piel. Cae la noche y duermo.
El día pasa entre playa y paella, sol y sal. Me cuidan dos hermanos que se han encontrado por primera vez en la isla. No sabían nada el uno del otro.
Duermo otra vez. Dormimos otra vez. Los tres. ¿Quién sabe cuando volveremos a hacerlo?
Caballos, LSD, Gente, Gritos, Orquesta, Abrazos, Golpes, Caballos, LSD, Jinetes, Llonfas, Sonrisas, Llamadas, Narices, Roce, Caballos, LSD… Caballos.
Abandonamos la ciudad, huimos del astro sol que amenaza con deslumbrarnos.
Bajo una cuevas nos escondemos. Suena techno y seguirá sonando hasta desquiciarnos.
La música se detiene. La Guardia Civil. La música continúa. ¿Ha sido una alucinación? Juraría que los vi.
Tras la tormenta llega la calma. Descanso. Ella se apoya en mí, la pared también. Han pasado 12 horas desde los Caballos. Dios que lejos quedan. ¿Dónde estoy que el tiempo transcurre distinto? ¿Dónde la gente es siempre agradable?
Y solo recuerdo estar sensible, sentir a flor de piel vida entre las piernas. Un balcón. El sol del amanecer entrando, la brisa del mar entrando y yo… yo también entrando.
Las despedidas no son fáciles, nunca lo son, pero nuestra generación está hecha de micro fibra y adsl (muchas emociones y a alta velocidad) y todo es visceral, rápido… vives, profundizas, amas, odias, perdonas, olvidas, vuelves a amar… Y nos vamos. Ya vendrán otros. O ya volverás tú.
00:00 PM Aeropuerto de Menorca. 2 whiskys. Gracias CO por compartirlo conmigo. Cheers. Cierro los ojos y repaso estos 4 días. Siento vértigo.
Jueves 10 de septiembre.
diumenge, 20 de setembre del 2009
Rincón Mediterráneo
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dijous, 4 de juny del 2009
Mi primer rincón
El viaje más importante de mi vida, a día de hoy, ha sido Tailandia. Y el rincón más precioso y olvidado en el que jamás estuve fue una playa en la isla de Koh Phan Gan.
Un remanso de paz único, todavía rozando el territorio virgen. El primer lugar de verdad en el que sentí que la vida occidental que llevamos es intrascendente y un rodeo enorme para hallar la felicidad, incluso me atrevería a decir que nuestra sociedad del bienestar nos empuja a la autocomplacencia, al conformismo, a contentarnos con la alegría de un ascenso laboral cuando existe la posibilidad de navegar el río Mekong y viajar en el tiempo a culturas antiguas y muy capaces. Solo nos dan migajas de alegría. La vida son los pequeños detalles; un mojito al atardecer, cenar pescado fresco, tumbarte a leer en el porche del bungalow y dormir hasta la salida del sol. Desperezarte cada mañana con un baño en el mar, mientras todo el mundo todavía duerme, cuando los peces remueven la arena despertando y los más noctámbulos llegan a casa. Empaquetar las cosas y seguir costa arriba en búsqueda de otro lugar inolvidable.
La vida, mi vida, se basa en esos detalles. Entrar en el agua, zambullirte, hacer unas brazadas mar adentro hasta que la arena ya no toque nuestros pies. Darte lentamente la vuelta y contemplar la playa. Bendito espectáculo; Dos montañas se yerguen altivas a cada lado de nuestra visión panorámica, una visión adormecida, seducida por la postal. Infinidad de pinos cubren todos y cada uno de los centímetros existentes de las montañas. Los frondosos abetos se entremezclan con las palmeras que asoman sus largos brazos sobre las aguas turquesas, formando un entrelazado difícil de fronterizar. Tejido verde oscuro y verde claro unidos en un nuevo pantone. Miles de envidias forestales que se habían alargado durante siglos, quedan atrás para reescribir la historia, una historia donde se abrazan y mecen juntos. Y entre tanta verdura, una sinuosa y aristocrática línea de arena, arena sensible a su sentido estético, que comprende, cuál atractiva modelo presumida, que debe estar siempre perfecta y fotogénica. Pequeños detalles marrones, bambúes; acogedores bungalows integrados en el pantone mágico de Koh Phan Gan. Sencillas estructuras levantadas unos 3 metros del suelo por rudimentarios cimientos naturales. Una hamaca en el porche. Dentro una habitación sencilla con cama de matrimonio custodiada por una mosquitera y un lavabo. La mosquitera convierte cada cama en un nido de amor y sexo, cada mujer en objeto de cariño y deseo. La imagen es brutal, ya que parece que la frondosidad de los bosques vaya a desplomarse sobre nosotros, como en una visión en dos dimensiones.
Pasa el tiempo y sigo recordándolo como si fuera hoy. Es la fuerza de un rincón inolvidable. De un paraje que se ganó el recuerdo eterno.
Mis viajes me han demostrado que no hay en todas partes lugares como este. Mi breve experiencia es suficiente para demostrármelo. Mi próximo viaje debe ser entrañable, debe llevarme donde se aúnen la calma y la energía, donde el sol sea el Dios todopoderoso y el tiempo avance lento. Depare lo que depare el futuro, sé que Asia será para siempre mi niña de bonitos ojos. Sé que entre sus playas paradisíacas y sus ciudades sucias y bulliciosas, existirán miles de rincones para la eternidad esperando ser descubiertos.
Un remanso de paz único, todavía rozando el territorio virgen. El primer lugar de verdad en el que sentí que la vida occidental que llevamos es intrascendente y un rodeo enorme para hallar la felicidad, incluso me atrevería a decir que nuestra sociedad del bienestar nos empuja a la autocomplacencia, al conformismo, a contentarnos con la alegría de un ascenso laboral cuando existe la posibilidad de navegar el río Mekong y viajar en el tiempo a culturas antiguas y muy capaces. Solo nos dan migajas de alegría. La vida son los pequeños detalles; un mojito al atardecer, cenar pescado fresco, tumbarte a leer en el porche del bungalow y dormir hasta la salida del sol. Desperezarte cada mañana con un baño en el mar, mientras todo el mundo todavía duerme, cuando los peces remueven la arena despertando y los más noctámbulos llegan a casa. Empaquetar las cosas y seguir costa arriba en búsqueda de otro lugar inolvidable.
La vida, mi vida, se basa en esos detalles. Entrar en el agua, zambullirte, hacer unas brazadas mar adentro hasta que la arena ya no toque nuestros pies. Darte lentamente la vuelta y contemplar la playa. Bendito espectáculo; Dos montañas se yerguen altivas a cada lado de nuestra visión panorámica, una visión adormecida, seducida por la postal. Infinidad de pinos cubren todos y cada uno de los centímetros existentes de las montañas. Los frondosos abetos se entremezclan con las palmeras que asoman sus largos brazos sobre las aguas turquesas, formando un entrelazado difícil de fronterizar. Tejido verde oscuro y verde claro unidos en un nuevo pantone. Miles de envidias forestales que se habían alargado durante siglos, quedan atrás para reescribir la historia, una historia donde se abrazan y mecen juntos. Y entre tanta verdura, una sinuosa y aristocrática línea de arena, arena sensible a su sentido estético, que comprende, cuál atractiva modelo presumida, que debe estar siempre perfecta y fotogénica. Pequeños detalles marrones, bambúes; acogedores bungalows integrados en el pantone mágico de Koh Phan Gan. Sencillas estructuras levantadas unos 3 metros del suelo por rudimentarios cimientos naturales. Una hamaca en el porche. Dentro una habitación sencilla con cama de matrimonio custodiada por una mosquitera y un lavabo. La mosquitera convierte cada cama en un nido de amor y sexo, cada mujer en objeto de cariño y deseo. La imagen es brutal, ya que parece que la frondosidad de los bosques vaya a desplomarse sobre nosotros, como en una visión en dos dimensiones.
Pasa el tiempo y sigo recordándolo como si fuera hoy. Es la fuerza de un rincón inolvidable. De un paraje que se ganó el recuerdo eterno.
Mis viajes me han demostrado que no hay en todas partes lugares como este. Mi breve experiencia es suficiente para demostrármelo. Mi próximo viaje debe ser entrañable, debe llevarme donde se aúnen la calma y la energía, donde el sol sea el Dios todopoderoso y el tiempo avance lento. Depare lo que depare el futuro, sé que Asia será para siempre mi niña de bonitos ojos. Sé que entre sus playas paradisíacas y sus ciudades sucias y bulliciosas, existirán miles de rincones para la eternidad esperando ser descubiertos.
dilluns, 11 de maig del 2009
Inauguración
Hay tantos tipos de rincones… los hay dentro de nuestra mente, dentro de nuestro corazón. Hay rincones en todos los lugares a los que vamos, los ay con encanto, los hay peligrosos, los hay desconocidos, los hay conocidos por muy pocos… Los hay visibles, o escondidos, los hay preciosos y también horribles. La cuestión es que por más que sepamos que hay rincones en todas partes, por más que lo intentemos, jamás los descubrirás todos.
Barcelona, como cualquier ciudad grande, guarda sus mejores postales, sus mejores restaurantes, sus mejores personas, en los rincones más inesperados o más escondidos. Cuando viajas al extranjero te das cuenta de ello, pues te sientas en un lugar agradable a mirar el mar y a gozar de esa sensación de felicidad inmensa que sientes al viajar. Recordarás para siempre ese momento, pero no me cabe duda que en algún lugar de ese mismo sitio hay un rincón mejor. En ocasiones quizás dos, como mucho tres en toda la vida, encontraremos alguno.
Hallaremos EL rincón. Habrá gente que nunca en su vida encontrarán ninguno, ni se acercaran siquiera… pero habrá otros que sí tendrán esa suerte. La fuerza de un rincón único reside en que al principio sientes que has acertado, que esto o aquello es magnífico. Con el paso de los años tu memoria nunca lo borrará, por más cosas que te sucedan, allí seguirá. Con extrañeza te preguntarás ¿Cómo puede ser que haya olvidado el nombre de ese pueblecito italiano que tanto nos gustó? ¿Cómo hemos podido olvidar el nombre de ese restaurante cariño?
En cambio EL rincón es eterno, es genial, es la información más valiosa para nuestro cerebro, aquella que mima con esmero y dedicación y que siempre cuidará la guardia real de las neuronas. Vestidas de riguroso negro, fuertes y musculadas, las mejor entrenadas, resistirán a los últimos envites del ejército alemán comandado por el General Alzheimer, sus batallas en el mar con los ejércitos británicos del Comandante Parkinson. EL rincón es como el último bastión de nuestro cerebro.
Nuestros movimientos, nuestra especie, nuestras acciones buscan esos rincones, buscan culminar un sueño, alcanzar la tranquilidad de haber encontrado el Dorado. Pero se equivoca. Nos equivocamos. La búsqueda del rincón es como la búsqueda de la felicidad, la grandeza y la sensación de al fin encontrar tan buscada felicidad no reside en la felicidad propiamente dicha, sino en el loco, travieso y enigmático camino que recorremos hacia ella.
La brutalidad, el éxtasis total de los rincones, el deseado sueño de encontrarlo reside en el largo camino que recorremos, en el arduo amor que entregamos durante la travesía, en todas y cada una de nuestras decisiones tomadas. Visto así, solo puedo desearte una cosa; ¡Qué tengas un buen camino!
albert
Barcelona, como cualquier ciudad grande, guarda sus mejores postales, sus mejores restaurantes, sus mejores personas, en los rincones más inesperados o más escondidos. Cuando viajas al extranjero te das cuenta de ello, pues te sientas en un lugar agradable a mirar el mar y a gozar de esa sensación de felicidad inmensa que sientes al viajar. Recordarás para siempre ese momento, pero no me cabe duda que en algún lugar de ese mismo sitio hay un rincón mejor. En ocasiones quizás dos, como mucho tres en toda la vida, encontraremos alguno.
Hallaremos EL rincón. Habrá gente que nunca en su vida encontrarán ninguno, ni se acercaran siquiera… pero habrá otros que sí tendrán esa suerte. La fuerza de un rincón único reside en que al principio sientes que has acertado, que esto o aquello es magnífico. Con el paso de los años tu memoria nunca lo borrará, por más cosas que te sucedan, allí seguirá. Con extrañeza te preguntarás ¿Cómo puede ser que haya olvidado el nombre de ese pueblecito italiano que tanto nos gustó? ¿Cómo hemos podido olvidar el nombre de ese restaurante cariño?
En cambio EL rincón es eterno, es genial, es la información más valiosa para nuestro cerebro, aquella que mima con esmero y dedicación y que siempre cuidará la guardia real de las neuronas. Vestidas de riguroso negro, fuertes y musculadas, las mejor entrenadas, resistirán a los últimos envites del ejército alemán comandado por el General Alzheimer, sus batallas en el mar con los ejércitos británicos del Comandante Parkinson. EL rincón es como el último bastión de nuestro cerebro.
Nuestros movimientos, nuestra especie, nuestras acciones buscan esos rincones, buscan culminar un sueño, alcanzar la tranquilidad de haber encontrado el Dorado. Pero se equivoca. Nos equivocamos. La búsqueda del rincón es como la búsqueda de la felicidad, la grandeza y la sensación de al fin encontrar tan buscada felicidad no reside en la felicidad propiamente dicha, sino en el loco, travieso y enigmático camino que recorremos hacia ella.
La brutalidad, el éxtasis total de los rincones, el deseado sueño de encontrarlo reside en el largo camino que recorremos, en el arduo amor que entregamos durante la travesía, en todas y cada una de nuestras decisiones tomadas. Visto así, solo puedo desearte una cosa; ¡Qué tengas un buen camino!
albert
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