dimarts, 28 de setembre de 2010

Para Tess - Raymond Carver

Afuera en el Estrecho el agua chapotea,
como dicen aquí. Anuncia tormenta, me alegra
no estar fuera. Contento porque estuve todo el día pescando
en Morse Creek, probando una Daredevil roja, lanzándola
una y otra vez. No saqué nada. Ni una pieza
siquiera, nada. Pero estuvo bien. Fue divertido.
Llevé la navaja de tu padre y durante un rato
me siguió un perro que su dueño llamó Dixie.
A veces me sentía tan feliz que tenía que dejar
de pescar. Una vez me tumbé en la orilla con los ojos cerrados,
escuchando el sonido que hacía el agua
y el viento en la copa de los árboles. El mismo viento
que sopla fuera en el Estrecho pero diferente, también.
Durante un rato incluso me permití imaginar que había muerto,
y eso estuvo bien, al menos durante un par
de minutos, hasta que la realidad caló en mí: Muerte.

Mientras estaba allí tumbado con los ojos cerrados,
justo después de haber imaginado qué ocurriría
si de veras nunca me levantara otra vez, pensé en ti.
Entonces abrí los ojos, me levanté
y volví a sentirme feliz otra vez.
Te lo debo a ti, ya ves. Quería decírtelo.

Todos nosotros - Raymond Carver

Por la mañana, pensando en el Imperio - Raymond Carver

Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas
e intuimos que esta grasa que flota
en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día.
Ojos y dedos se dejan caer sobre los cubiertos de plata
que no son de plata. Al otro lado de la ventana, las olas
golpean contra las paredes desconchadas de la vieja ciudad.
Tus manos se alzan del áspero mantel
como si fueran a hacer una profecía. Tus labios se estremecen...
Te diría que al diablo con el futuro.
Nuestro futuro yace en lo más profundo de la tarde.
En una calle angosta por la que pasa un carro con su carretero,
el carretero nos mira y vacila,
luego menea la cabeza. Mientras tanto,
rompo indiferente el espléndido huevo de una gallina.

Tus ojos se nublan. Te vuelves para mirar el mar
tras la hilera de tejados. Ni las moscas se mueven.
rompo el otro huevo.
Seguramente nos hemos empequeñecido juntos.

Todos nosotros - Raymond Carver

dissabte, 18 de setembre de 2010

Desencanto

El hombre del siglo XXI siente el desencanto por allí por donde pisa. La gente anda triste y cabizbaja buscando un trabajo, un piso que alquilar, busca conjugar su vida familiar con su trabajo y su vida personal, siendo todo casi imposible. La clase política que nos dirige apenas ha terminado el bachillerato y únicamente conocen la subida de impuestos como parche a cualquier hoyo. La clase económica se ha convertido en una manada de buitres y hienas hambrientas que sólo pueden pensar en maneras de engordar sus cuentas bancarias.

¿Y qué le queda al joven? Refugiarse en el desencanto, en la tristeza. Caer en las decisiones fáciles; sucumbir a la droga, dejarse llevar por el juego, por la violencia, acudir a la llamada del ejército, el fútbol…

En el siglo en el que estamos las caras tristes y apagadas son la bandera de la juventud y de parte de los mayores. Hay esperanza mientras haya vida. Hay ilusión mientras haya amor ¡Oh Amor! Eres el único capaz de sacarnos de esta trampa en la que se ha convertido nuestra existencia. Publicidad, marketing, neuromarketing, psicología del consumo… todo se reduce a como conseguir que exista la coerción (que hagamos lo que se nos pide).

¡Oh Amor! Muéstrame el camino para una existencia sin desencanto, para una vida en la que tras todos los reveses sufridos durante el día, caiga la noche y yo pueda abrazarme a alguien que me quiera por lo que soy, no por lo que puedo llegar a ser.

dimarts, 7 de setembre de 2010

Dos años después

Historia de amor que terminó. Fue LA historia de amor. Bailaban en mi cabeza imágenes de mujeres que no eran ella. Entonces supe que se había terminado. Me dolió, me sentí que no merecía la suerte que tenía... pero no tenía sentido seguir. No hubo una culpable en concreto, más bien fui yo que fui dejando espacio en mi barra del amor y poco a poco se fueron introdujendo en ella otras chicas.

Ahora, que han pasado más de 2 años del fin de la relación, de nuevo me siento preparado para dejar entrar a alguién en mi vida. La coraza que me ha protegido estos tiempos me la he sacado, la he mandado donde la construyeron y ellos se encargaran de destruirla. Con ella desaparecen la promiscuidad, el sexo fácil y las relaciones impersonales. He cumplido 26 años y, aunque no sea una referencia actual, mi viejo se casó con 23 años... Las cosas han cambiado mucho desde los años 70 pero la vida me ha enseñado que ni ellos son tan viejos ni nosotros tan jóvenes. Ahora mismo miro hacia atrás y en ese desierto arrasado en lo que convierto todo aquello por lo que paso hallo el desencanto. No deseo seguir quemando etapas, ni arrasando bosques; deseo girarme y ver un precioso jardín. Un verde y frondoso jardín que haya levantado con mis propias manos.

No se trata de salir de casa con una alianza y pedir en matrimonio a la primera que me pida fuego. Pero sí que enciendo los radares, les saco el polvo, los engraso y los pongo a punto porque AHORA SÍ.

La soledad es muy bonita cuando tienes a alguien a quien contársela. Empiezo a tener ganas de despertarme cada día junto a la misma persona, ganas de planear viajes y hacerlo pensando en dos personas, o cuando llegue mi cumpleaños saber que alguien se está rompiendo la cabeza por regalarme un libro que no haya leído. La vida son las pequeñas cosas de cada día; los detalles, los gestos, las miradas... pequeñas cosas que el amor, con su fuego, las convierte en algo mucho más grande.

Ya caminé suficiente. Ahora busco un lugar en el camino, una piedra donde sentarme a descansar, quién sabe si por una buena temporada. Ojalá haya alguien cansada de caminar también.