dimarts, 7 de setembre de 2010

Dos años después

Historia de amor que terminó. Fue LA historia de amor. Bailaban en mi cabeza imágenes de mujeres que no eran ella. Entonces supe que se había terminado. Me dolió, me sentí que no merecía la suerte que tenía... pero no tenía sentido seguir. No hubo una culpable en concreto, más bien fui yo que fui dejando espacio en mi barra del amor y poco a poco se fueron introdujendo en ella otras chicas.

Ahora, que han pasado más de 2 años del fin de la relación, de nuevo me siento preparado para dejar entrar a alguién en mi vida. La coraza que me ha protegido estos tiempos me la he sacado, la he mandado donde la construyeron y ellos se encargaran de destruirla. Con ella desaparecen la promiscuidad, el sexo fácil y las relaciones impersonales. He cumplido 26 años y, aunque no sea una referencia actual, mi viejo se casó con 23 años... Las cosas han cambiado mucho desde los años 70 pero la vida me ha enseñado que ni ellos son tan viejos ni nosotros tan jóvenes. Ahora mismo miro hacia atrás y en ese desierto arrasado en lo que convierto todo aquello por lo que paso hallo el desencanto. No deseo seguir quemando etapas, ni arrasando bosques; deseo girarme y ver un precioso jardín. Un verde y frondoso jardín que haya levantado con mis propias manos.

No se trata de salir de casa con una alianza y pedir en matrimonio a la primera que me pida fuego. Pero sí que enciendo los radares, les saco el polvo, los engraso y los pongo a punto porque AHORA SÍ.

La soledad es muy bonita cuando tienes a alguien a quien contársela. Empiezo a tener ganas de despertarme cada día junto a la misma persona, ganas de planear viajes y hacerlo pensando en dos personas, o cuando llegue mi cumpleaños saber que alguien se está rompiendo la cabeza por regalarme un libro que no haya leído. La vida son las pequeñas cosas de cada día; los detalles, los gestos, las miradas... pequeñas cosas que el amor, con su fuego, las convierte en algo mucho más grande.

Ya caminé suficiente. Ahora busco un lugar en el camino, una piedra donde sentarme a descansar, quién sabe si por una buena temporada. Ojalá haya alguien cansada de caminar también.

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