dilluns, 28 de juny de 2010

Despedidas Espirituales

Siento el rozar del viento mi ropa...
Siento la lágrima de la despedida en mi piel...
Caigo en la cuenta de la velocidad que llevo...
Siento como se torna difuso mi alrededor...

Navego desbocado río arriba,
Cabalgo frenético montaña abajo,
Como si supiera adónde voy,
Como si supiera lo que debo hacer cuando llegue...

Y no sé nada. O sólo una cosa.
No es el camino ni el destino.
No es la causa ni el objeto.
Es LA persona...

Por quién doblan las campanas de todo el mundo
A quién Calexico dedica sus temas más íntimos
Por quién suspiran los hombres más bellos
A ella.

Me despido... de cuerpo y mente... pero mi espíritu se quedará contigo...
Para siempre o para un tiempo.
Tú escogerás su destino...
Y el mío... esclavo tuyo.

dimarts, 22 de juny de 2010

Ninguna necesidad - Raymond Carver

Veo un sitio libre en la mesa.
¿El de quién? ¿Quién falta? ¿A quién le estoy gastando una broma?
El barco espera. Ninguna necesidad de remos
ni de viento. He dejado la llave
en el sitio de siempre. Ya sabes dónde.
Acuérdate de mí y de todo lo que hicimos juntos.
Ahora abrázame con fuerza. Eso es. Bésame
en la boca. Aquí. Ahora
deja que me vaya, mi amor. Déjame partir.
Ya no nos volveremos a ver en esta vida,
así que dame un beso de despedida. Aquí. Bésame otra vez.
Una vez más. Ahí. Es suficiente.
Ahora, mi amor, deja que me vaya.
Es hora de ponerse en camino

Raymond Carver - Un sendero nuevo a la cascada

diumenge, 13 de juny de 2010

Bar ( Nº 1 )


Dos inmigrantes africanos se amontonan sobre la máquina tragaperras. Es viernes y es día 1 del mes de julio. Así que acaban de cobrar algún subsidio, sueldo, ayuda o lo que sea que nuestro rico estado les regala. Se lo están puliendo sin miramientos en la tragaperras. Un par de viejos parlotean con el barman casi tan viejo como ellos. El barman friega plato tras plato y hace como que les escucha mientras los dos octogenarios parlotean a la vez sin escucharse entre ellos, sin prestar atención a los africanos con ansias de premio millonario, ni siquiera dirigen la mirada al televisor que escupe anuncios de crecepelo a todo volumen.

¡ Premio! Canta la tragaperras. Para el africano de gorra verde raída, sólo han sido diez euros pero su sonrisa ilumina unas cuantas manzanas a la redonda. Los viejos sólo hablan y hablan, no quieren ser escuchados ni escuchar. Sólo hablar y hablar. Es cuestión de tiempo que me levante, coja un taburete de camino hacia ellos y les golpee con todas mis fuerzas hasta hacerlos callar; en la espalda, en la cabeza, en los riñones, les golpearé hasta destrozarlos. Será una paliza tan brutal que terminaré sudado y exhausto. Lo único que me detiene es la duda de que sigan callados tras la paliza. Me veo asaltado por el pánico con el taburete entre las manos goteando sangre y sesos, mis zapatos ahogados en un charco de sangre y los dos abuelos sigue que sigue con la cháchara. ¿Y cómo es posible que sigan hablando con el cerebro desparramado en mis pies? No tengo ni idea. Pero estoy segurísimo.

El otro africano, de rastas cortas y electrificadas, echa monedas a la tragaperras también. Se van turnando con el de gorra raída. Echa monedas con una pose similar a la que un argentino adoptaría al escuchar un tango lejos de su tierra; como si cada moneda que le echa a la máquina su vida se acortase un segundo, sus recuerdos un año, su vida un lustro. Se turnan en tirar monedas pero solo hay uno que gane. Es cuestión de tiempo también que el negro de rastas amperiadas agarre un taburete y le reviente el cráneo a esa sonrisa iluminadora del negro de gorra verde raída.

Una rubia recién salida de una institución mental se inclina sobre la barra y entre maullidos pide una cerveza. El barman es tan viejo que ya no sabe lo que es follar. Lo de la institución mental no es porqué sí. Ella está loca seguro pues ¿quién entraría en un bar donde hay dos abuelos desangrándose y parloteando en sendos charcos de sangre? ¿Es que acaso no ve a un negro rastudo y a un blanco desquiciado (yo) con taburetes en las manos mojados de sangre y sesos?

Malditos locos. Maldito bar. Si pasase el demonio por aquí a ver la televisión, escapándose de su madre, mientras se pide un jodido carajillo de Terry, se sentiría muy feliz de ver que por fin nos hemos convertido en animales. Tiene muchas ganas de tomarse unas vacaciones.

El bar se adormece al filo de la medianoche. En una esquina se consume hachís entre risas y mareos. Son árabes y chinos. Aparte de por su odio a los americanos tienen en común su gusto por el opio. El barman parece más viejo de noche, espectro del whisky y de la no escucha me mira con tristeza, implora tantas cosas con sus ojos que me siento al borde del llanto más profuso que jamás haya experimentado. Se me hace un nudo en la garganta al mirar dentro de sus ojos negros como la noche, veo el dolor de la soledad, el hastío, las horas ante una fotografía familiar donde ya sólo está él, triste y abatido lucha por sobrevivir en un mundo que le espera con los brazos abiertos para devorarlo.

Miro la puerta de salida. Está abierta. Allá fuera no conozco nada, aquí me siento seguro como en un vientre maternal.

Además… estoy manchado de sangre y sesos.


Albert Fabregat

dimecres, 2 de juny de 2010

Entrañas de Europa



Es una locura de tamaño indescriptible. Ayer explotó una bomba de 500 kg en Gottingen, Alemania, matando a 3 artificieros e hiriendo a otros 9. La bomba era estadounidense y de la 2ª Guerra Mundial.

Únicamente los artificieros de Berlín recogen y desactivan anualmente entre 25 y 40 ¡¡TONELADAS!! de bombas, granadas y otra munición que quedó enterrada en el subsuelo de la ciudad tras el conflicto bélico. El Senado de Berlín estima que bajo la capital alemana se encuentran enterradas aun unas 3.000 bombas aéreas de más de 250 kilos cada una. Es algo así como dormir sobre un enorme colchón de dinamita.

Pero no sólo los berlineses y alemanes en general viven sobre un manto de bombas, hace unos años se desalojaron 14.000 personas de Hannover, también por el hallazgo de una bomba o en Budapest, o en Japón… incluso en Torrevieja en España… Europa todavía se estremece al recordar, tras 55 años, un período de 5 años en el que llovían bombas y no ranas, en el que explotaban cañones en vez de petardos y en el que morían niños y mujeres en vez de juguetes, donde las casas se desplomaban como casas de muñecas baratas.

No puedo dejar de imaginar que si todavía Europa se halla en esta situación, ¿cómo estarán los campos de arroz camboyanos o las montañas vietnamitas, los bosques fronterizos de Corea o Colombia? Imaginadlo por vosotros mismos.

Albert Fabregat

dimarts, 1 de juny de 2010

Six Feet Under [A 2 metros bajo tierra]



HBO es el canal de pago más glamuroso y de mayor calidad de todo el mundo. Sus producciones alcanzan cientos de países y reúne, según los expertos del tema, a los mejores guionistas, los mejores actores y directores y también las mejores temáticas. Pero todo lo bueno tiene un origen, un génesis, un acto que con sus consecuencias desata un torbellino alrededor suyo.

El génesis se llama Six Feet Under. Narra la vida de la familia Fisher cuya actividad familiar a sido siempre su propia funeraria: Fisher e Hijos. Consta de 5 temporadas con 12 capítulos cada una. El hilo conductor de los capítulos siempre es un muerto. El capítulo empieza con la muerte de la persona para fundir a blanco resplandor y ya iniciar el capítulo propiamente dicho.

Año tras año, capítulos tras capítulos, los personajes se vuelven familiares para nosotros, sus trazos psicológicos son marcados y no podemos evitar empatizar con ellos; el hermano mayor, ligón y despreocupado, huye de la familia y la funeraria y vuelve tras la muerte del padre para quedarse. El hermano mediano, gay y con dificultades para salir del armario, vive en constante tirantez e incomodidad. La hermana pequeña, Claire, artista prometedora que acabará marcada por la yerba y las bellas artes. La madre, ahora viuda, que tratará de ser libre...

Sonrisas y lágrimas, muertos que conversan con los Fisher mientras ellos los embalsaman. Humor ácido, negro, brutal. Ironía despiadada. Sentimientos a flor de piel, para terminar explotando en el último capítulo de la última temporada. En la actualidad, que todo el mundo (conocido) comenta el final de LOST, yo indefectiblemente no puedo evitar pensar que el final de esta serie es tan bueno, que no hay ninguna serie que pueda hacerle sombra en ese aspecto. El capítulo final es un trabajo de orfebrería sentimental, lujo exótico que nos regala Alan Ball, demostrando que puede tocar resortes sentimentales a su antojo para hacernos explotar, ahora a lágrima viva, ahora a carcajada limpia, completamente a su antojo. Con esta magnífica producción de HBO he llorado a lagrimones, e reído en voz baja y a carcajadas, he sentido verguenza, excitación, ilusión, dramatismo, nervios...

Gracias HBO por vuestro compromiso por una TV de calidad, objeto de culto y coleccionismo que aquí en España es mas bien una especie en extinción.