dimarts, 1 de juny de 2010

Six Feet Under [A 2 metros bajo tierra]



HBO es el canal de pago más glamuroso y de mayor calidad de todo el mundo. Sus producciones alcanzan cientos de países y reúne, según los expertos del tema, a los mejores guionistas, los mejores actores y directores y también las mejores temáticas. Pero todo lo bueno tiene un origen, un génesis, un acto que con sus consecuencias desata un torbellino alrededor suyo.

El génesis se llama Six Feet Under. Narra la vida de la familia Fisher cuya actividad familiar a sido siempre su propia funeraria: Fisher e Hijos. Consta de 5 temporadas con 12 capítulos cada una. El hilo conductor de los capítulos siempre es un muerto. El capítulo empieza con la muerte de la persona para fundir a blanco resplandor y ya iniciar el capítulo propiamente dicho.

Año tras año, capítulos tras capítulos, los personajes se vuelven familiares para nosotros, sus trazos psicológicos son marcados y no podemos evitar empatizar con ellos; el hermano mayor, ligón y despreocupado, huye de la familia y la funeraria y vuelve tras la muerte del padre para quedarse. El hermano mediano, gay y con dificultades para salir del armario, vive en constante tirantez e incomodidad. La hermana pequeña, Claire, artista prometedora que acabará marcada por la yerba y las bellas artes. La madre, ahora viuda, que tratará de ser libre...

Sonrisas y lágrimas, muertos que conversan con los Fisher mientras ellos los embalsaman. Humor ácido, negro, brutal. Ironía despiadada. Sentimientos a flor de piel, para terminar explotando en el último capítulo de la última temporada. En la actualidad, que todo el mundo (conocido) comenta el final de LOST, yo indefectiblemente no puedo evitar pensar que el final de esta serie es tan bueno, que no hay ninguna serie que pueda hacerle sombra en ese aspecto. El capítulo final es un trabajo de orfebrería sentimental, lujo exótico que nos regala Alan Ball, demostrando que puede tocar resortes sentimentales a su antojo para hacernos explotar, ahora a lágrima viva, ahora a carcajada limpia, completamente a su antojo. Con esta magnífica producción de HBO he llorado a lagrimones, e reído en voz baja y a carcajadas, he sentido verguenza, excitación, ilusión, dramatismo, nervios...

Gracias HBO por vuestro compromiso por una TV de calidad, objeto de culto y coleccionismo que aquí en España es mas bien una especie en extinción.

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