Mientras escribe, sin mirar al mar,
siente que la punta de la pluma se estremece.
La marea está subiendo hasta el guijarral.
Pero no es eso. No,
se debe a que en ese momento ella ha decidido
entrar en la habitación sin nada de ropa.
Adormecida, sin saber muy bien
dónde está. Se aparta el pelo de la frente.
Se sienta en el tocador con los ojos cerrados,
la cabeza hacia abajo. Repantigada. La ve
a través del vano de la puerta. Puede
que ella esté recordando lo que ocurrió por la mañana.
Después, abre un ojo y le mira.
Y sonríe dulcemente.
Raymond Carver - Todos nosotros
dilluns, 17 de maig del 2010
diumenge, 16 de maig del 2010
EL POEMA QUE NO ESCRIBÍ - Raymond Carver
Aquí está el poema que iba a escribir
antes, pero que dejé
porque te levantabas.
Estaba pensando otra vez
en aquella primera mañana en Zurich.
Nos levantamos antes del amanecer.
Durante un instante no sabíamos dónde estábamos.
Salimos al balcón que daba
al río y a la parte vieja de la ciudad.
Allí estábamos, sin más, callados.
Desnudos. Viendo como se aclaraba el cielo.
Tan conmovidos y tan felices. Como si
nos hubieran colocado allí
justo en aquel momento.
Raymond Carver (Todos nosotros)
antes, pero que dejé
porque te levantabas.
Estaba pensando otra vez
en aquella primera mañana en Zurich.
Nos levantamos antes del amanecer.
Durante un instante no sabíamos dónde estábamos.
Salimos al balcón que daba
al río y a la parte vieja de la ciudad.
Allí estábamos, sin más, callados.
Desnudos. Viendo como se aclaraba el cielo.
Tan conmovidos y tan felices. Como si
nos hubieran colocado allí
justo en aquel momento.
Raymond Carver (Todos nosotros)
dijous, 13 de maig del 2010
PROTEGIENDO A LA NÚMERO UNO - Raymond Carver
Ahora que te has ido durante cinco días,
fumaré todos los cigarrillos que quiera y
donde quiera. Haré bollos y me los comeré
con mermelada y con tocino. Haré el vago. Seré
indulgente conmigo mismo. Pasearé por la playa sólo
si me apetece. Y me apetece, a solas y pensando en mis años jóvenes.
En las personas que entonces me amaron más allá de la razón.
Y en cómo yo las amé a ellas sobre todas las demás.
Excepto de una. ¡Estoy diciendo que haré todo
lo que quiera mientras estás fuera!
Pero hay una cosa que no haré.
No dormiré en nuestra cama sin ti.
No. No me apetece.
Dormiré ahí donde suelto una blasfemia si me apetece,
ahí donde duermo cuando estás fuera
y no puedo abrazarte como lo hago.
En el sofá roto de mi estudio
Raymond Carver (Todos nosotros)
fumaré todos los cigarrillos que quiera y
donde quiera. Haré bollos y me los comeré
con mermelada y con tocino. Haré el vago. Seré
indulgente conmigo mismo. Pasearé por la playa sólo
si me apetece. Y me apetece, a solas y pensando en mis años jóvenes.
En las personas que entonces me amaron más allá de la razón.
Y en cómo yo las amé a ellas sobre todas las demás.
Excepto de una. ¡Estoy diciendo que haré todo
lo que quiera mientras estás fuera!
Pero hay una cosa que no haré.
No dormiré en nuestra cama sin ti.
No. No me apetece.
Dormiré ahí donde suelto una blasfemia si me apetece,
ahí donde duermo cuando estás fuera
y no puedo abrazarte como lo hago.
En el sofá roto de mi estudio
Raymond Carver (Todos nosotros)
dilluns, 10 de maig del 2010
Una mañana de verano con Ray Carver [Concurso LV Epoemas]
El olor a café impregnaba la habitación.
Por la ventana mirábamos el repicar de las olas, intuíamos
verdades tras cada golpe de espuma sobre la roca, sentíamos
alivio por cada una de ellas que conseguía evitar su destino.
Nuestro silencio era nuestro velamen, el humo nuestros remos.
Ray desvió su mirada hacia la hoja en blanco. La pluma en alto.
De soslayo me miró como excusándose.
Me levanté y lo dejé escribir.
Albert Fabregat
Por la ventana mirábamos el repicar de las olas, intuíamos
verdades tras cada golpe de espuma sobre la roca, sentíamos
alivio por cada una de ellas que conseguía evitar su destino.
Nuestro silencio era nuestro velamen, el humo nuestros remos.
Ray desvió su mirada hacia la hoja en blanco. La pluma en alto.
De soslayo me miró como excusándose.
Me levanté y lo dejé escribir.
Albert Fabregat
divendres, 30 d’abril del 2010
Cuando la noche cae [Microrelato presentado en concurso CAMPER CITIES]
La noche siempre ha sido la más fiel compañera de la ciudad. Noche tras noche se abandonan, como amantes, a la pasión y el desenfreno… se conocen desde tiempos que ni tu ni yo somos capaces de imaginar y se conocen tan bien que nunca dejarán que nada les separe. El día hace ya mucho que pasó a ser una mera comparsa, algo necesario para que el reencuentro entre amantes al caer la noche sea aún más tórrido. Quién crea que la ciudad le es infiel, está en lo cierto.
Cuando paseo de noche por la ciudad, cuando la “sociedad” duerme, todo está en calma y si me esfuerzo puedo oír los susurros de los dos enamorados. La ciudad le pide más pasión y la noche que se entregue más, pero en el fondo son felices; se aman, se entienden, se conocen, se desean, se sinceran pero sobretodo, les encanta pasear una cerca de la otra, ambas cerca del mar y se dicen que lo suyo, lo que viven, será para siempre.
Albert Fabregat
Cuando paseo de noche por la ciudad, cuando la “sociedad” duerme, todo está en calma y si me esfuerzo puedo oír los susurros de los dos enamorados. La ciudad le pide más pasión y la noche que se entregue más, pero en el fondo son felices; se aman, se entienden, se conocen, se desean, se sinceran pero sobretodo, les encanta pasear una cerca de la otra, ambas cerca del mar y se dicen que lo suyo, lo que viven, será para siempre.
Albert Fabregat
dimarts, 27 d’abril del 2010
Requiem
La vida se me escurre cada noche.
La tristeza se afianza cada mañana de resaca.
La depresión no ceja en su lucha por hundirme.
El dolor se hace grande con cada remordimiento.
La mierda me ahoga en una nube densísima.
Las lágrimas ya no resbalan, caen a plomo.
Las caras se deforman y envejecen.
Las personas se vacían.
Las almas ya no emanan, solo absorben.
La música desafina y ensordece.
Las noticias son partes de guerra.
Los soldados no mueren, se suicidan.
El sol no brilla.
La luna no refleja.
La tibieza me envuelve en un manto negro.
Las sensaciones son opacas y no traslucen.
Los sentimientos versan sobre maldad.
El amor ya no vence las partidas.
La maldad gana enteros y pulgadas.
La vida se me oscurece cada noche.
La tristeza se afianza cada mañana de resaca.
La depresión no ceja en su lucha por hundirme.
El dolor se hace grande con cada remordimiento.
La mierda me ahoga en una nube densísima.
Las lágrimas ya no resbalan, caen a plomo.
Las caras se deforman y envejecen.
Las personas se vacían.
Las almas ya no emanan, solo absorben.
La música desafina y ensordece.
Las noticias son partes de guerra.
Los soldados no mueren, se suicidan.
El sol no brilla.
La luna no refleja.
La tibieza me envuelve en un manto negro.
Las sensaciones son opacas y no traslucen.
Los sentimientos versan sobre maldad.
El amor ya no vence las partidas.
La maldad gana enteros y pulgadas.
La vida se me oscurece cada noche.
Etiquetas:
poesía urbana,
reflexión,
requiem,
soledad,
tristeza
dimecres, 24 de març del 2010
Primer día
Nunca son fáciles. Estas desubicado y un poco fuera de lugar. Miras alrededor en busca de alguien que conozcas pero nunca hay nadie. Te sientes observado pero es que realmente la gente te observa. Un soplo de aire frío recorre tu nuca y debes decirte a ti mismo que no existe tal soplo, que solo son nervios.
Nombres y caras, caras y nombres, apenas alcanzas a decir el tuyo una y otra vez que no eres capaz de procesar los de los demás. Es la liturgia del primer día.
Con una sonrisa saludas, besas, das la mano… solo espero que no me sude. Imagina la primera impresión que te llevarías de alguien si después de haberte dado la mano tuvieras que secártela con una toalla. El nuevo suda. Jaja.
Si tienes suerte han pensado en ti y te han buscado una mesa y un ordenador, probablemente la silla ya sea otro tema; si hay alguna libre será la peor de todas porque no hay nadie que no haya comprobado las sillas que quedaban libres antes de escoger la suya, por tanto prepárate a sufrir de espalda hasta que algún veterano abandone el barco.
Y luego está el trabajo. Nunca hay trabajo el primer día. Solo presentaciones y saludos que duran diez minutos a lo sumo. ¿Y que haces las otras 7 horas y 50 minutos? Si no sabes distraerte vas a necesitar mucha paciencia.
Lo mejor de todo es que solo hay un primer día… y acaba terminando.
Nombres y caras, caras y nombres, apenas alcanzas a decir el tuyo una y otra vez que no eres capaz de procesar los de los demás. Es la liturgia del primer día.
Con una sonrisa saludas, besas, das la mano… solo espero que no me sude. Imagina la primera impresión que te llevarías de alguien si después de haberte dado la mano tuvieras que secártela con una toalla. El nuevo suda. Jaja.
Si tienes suerte han pensado en ti y te han buscado una mesa y un ordenador, probablemente la silla ya sea otro tema; si hay alguna libre será la peor de todas porque no hay nadie que no haya comprobado las sillas que quedaban libres antes de escoger la suya, por tanto prepárate a sufrir de espalda hasta que algún veterano abandone el barco.
Y luego está el trabajo. Nunca hay trabajo el primer día. Solo presentaciones y saludos que duran diez minutos a lo sumo. ¿Y que haces las otras 7 horas y 50 minutos? Si no sabes distraerte vas a necesitar mucha paciencia.
Lo mejor de todo es que solo hay un primer día… y acaba terminando.
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